Artesanía en Santa Ana (Cáceres)

Artesanía

Como no podía ser de otra manera, tengo que hacer mención en este apartado a la que por desgracia es la única actividad artesana que queda en nuestro pueblo: EL TELAR. Quién no se acuerda de la abuela Concha, que consiguió con su permanente trabajo entre los pilares del telar que esta bonita labor permaneciera entre nosotros. Por supuesto tampoco habría sido posible esto sin el interés mostrado por la cantidad de muchachas que pasaron entre esos mismos palos aprendiendo a tejer.

A continuación una descripción del telar, extraída de una pagina web y que coloco en este sitio por su similitud al nuestro. Adjunto algún dibujo del mismo junto con algunas fotografías de los trabajos en él realizados.

El telar

Características generales

Tejer no es más que una evolución del trenzado. La palabra tejer proviene del latín "texere". Se han encontrado restos de telares, tejidos y utensilios utilizados para ello en las civilizaciones más antiguas. Los tejedores utilizaban telares de urdimbre horizontal, es decir, una estructura de madera en la que los hilos de la urdimbre están recogidos en dos travesaños o rodillos (husillos) dispuestos horizontalmente. Dicha estructura está provista de lizos que permiten separar cierto número de hilos de la urdimbre, diferenciando así dos capas en la misma, y formando una abertura que se denomina abierta. Los lizos van unidos a los pedales por debajo de la urdimbre, mediante unas simples cuerdas de cáñamo. Los pedales reciben el impulso dado por el tejedor a través de sus pies y transmiten este movimiento a los lizos. Así el tejedor, sentado o de pié apoyado en la parte trasera del telar utilizaba sus pies para realizar la abierta y sus manos para pasar el hilo de la trama, impulsando y recibiendo un utensilio de diseño especial denominado "lanzadera".

La estructura del telar consta de cuatro columnas de madera verticales unidas horizontalmente por unos travesaños grandes tanto en su parte superior, en su parte media (las bancadas), y en la parte inferior. En el espacio que delimita esta estructura se colocan los dos husillos o rodillos que van a soltar y recoger los hilos respectivamente. Uno se coloca en la parte más delantera del telar y el otro en su parta media. También en su parte media y pendiendo de un travesaño horizontal, se coloca una estructura denominada caja en la que va a ir sujeta la púa, utensilio por donde tienen que pasar los hilos, previamente ordenados según el tejido a realizar.

También de otro travesaño horizontal situado en la parte superior penden los campanales; estructura de forma variada que mediante unas poleas -carruchas- sostienen los lizos. Estos son unos hilos de cáñamo sujetos en su parte superior o inferior a unos listones de madera -los perchaos-, y que en su parte media tienen un ojal por donde pasa el hilo de la urdimbre según un determinado orden o repás, que será lo que determine el tipo de tejido a realizar. Al conjunto de púa y lizos se le llama peine. En la parte inferior, se colocan los pedales o emprimideras, sujetos en la parte posterior del telar, más atrás de donde ha de estar sentado el tejedor. Estos se unen a los lizos mediante unas tablillas horizontales que generalmente solían estar colocadas en la parte derecha del telar. Estas tablillas llamadas espaetas, atan mediante cuerdas los pedales a sus respectivos lizos. El número de pedales era variable, desde dos hasta ocho, dependiendo esto del tipo de tejido.

También era variable el tamaño de las piezas a realizar y el grosor del material empleado, para la cual, disponían los tejedores de gran número de peines, de tal forma que solamente tenían que cambiar dicho peine y poner el otro correspondiente evitándose así la laboriosa tarea de realizar el repás de los hilos en cada nueva pieza.

Este tipo de telares horizontales se denominan de "poleas", ya que, como hemos dicho, los lizos penden de varias poleas o carruchas. Su número también era variable, estando en relación con el número de lizos y pedales a utilizar. Lo normal era de dos a cuatro carruchas.

El tamaño del telar también variaba según lo que se iba a tejer en él. Normalmente los telares más grandes (de dos metros o un poco más) se dedicaban exclusivamente al tejido de mantas, sábanas y colchas en una pieza y debido a su anchura era necesario que se pusiera otra persona en el otro extremo para devolver la "lanzadera", es decir, el hilo de la trama. Los telares de anchura media, podían ser manejados por una sola persona, y teniendo en cuenta los cambios de peines que se podían realizar, tenían muchas posibilidades de trabajar distintas piezas. Era importante que el telar estuviese bien fijado al suelo y a las paredes, para evitar que "bailase" al trabajar.

Existían otro tipo de telares, los que se utilizaban para la realización de las "colchas de tiro", que tenían características diferentes al aquí descrito. Actualmente no se trabaja en ningún telar de este tipo y por ahora nos ha sido imposible localizar alguno, por lo que no podemos decir cuales son sus diferencias con respecto a este. Lo único que podemos aportar es que para su manejo eran necesarias dos personas, ya que mientras uno trabajaba, el otro tenía que "subir" o "bajar" determinados lizos. Eran telares en los que sólo se podía realizar un determinado tipo de tejido: las colchas de tiro.

Construcción y maderas utilizadas

Prácticamente la totalidad del telar se construía con madera. Solamente se utilizaba una plancha circular dentada de hierro como refuerzo de la rueda dentada de madera por la que se hacia girar el husillo que recogía la pieza tejida. Todas las piezas van ensambladas, por lo que prácticamente no se usan ni clavos, ni ángulos...

Las maderas más utilizadas para su construcción eran: enebro y nogal; los de mejor resultado, pero no eran fáciles de trabajar y se usaban más frecuentemente el haya y el pino, con también muy buenos resultados. El roble y la encina no se usaban ya que al trabajarlos se doblaban y rajaban con facilidad. Era importante que la madera fuera fuerte y resistente, que no se abriese, doblase, etc. Determinadas piezas tenían que soportar mucho desgaste, por lo que se hacían en boj, madera dura por excelencia. Así se construían de este material las lanzaderas, las carruchas, etc.

Antiguamente todos los tejedores sabían construirse su telar, que realizaban a mano en su mayor parte. También realizaban ellos mismos las púas y los lizos. En realidad, un futuro tejedor, empezaba sus años de aprendizaje por lo básico; la construcción del telar de sus accesorios y elementos, para pasar una vez dominado esto, a ayudar en las preparaciones de las piezas y en la colocación de éstas en el telar. Sentarse a tejer era lo último que hacía; teniendo que dominar antes todos los procesos. En este tiempo de aprendizaje, que duraba tres años o más, se ocupaba de los trabajos "menores": teñir las lanas, devanar las madejas, preparar las cañas para las púas...